Pruebas de Diagnóstico: ¿tienen alguna función válida?

| 1 jun. 2010


Esta entrada pretende suscitar un debate con temple respecto a las Pruebas de Diagnóstico. Los resultados en Lengua no han sido buenos: de las tres destrezas, los alumnos se han mantenido en dos de ellas, y han bajado en Expresión Escrita. Los comentarios de los compañeros en las restantes pruebas parece que inciden en lo mismo: malas calificaciones y resultados iguales o peores que otros años.

Hablo por Lengua, que he corregido, amén de asistir a la realización de las mismas: una actividad oral bastante lamentable en su audición y contenido; una temporalización de las pruebas absolutamente nefasta: cada parte se acababa en media hora, con lo que había un descanso de una hora completa para hacer la siguiente (¿con qué ganas?); ejercicios de expresión escrita poco motivadores o ilógicos (comentar una moraleja que no tiene vuelta de hoja). Se me puede aducir que esas condiciones son las mismas para todos los centros, es cierto, y que estamos por debajo de la media. Pero aquí viene el quid de la cuestión: los resultados han bajado en gran manera porque ha habido unos cuantos alumnos que se han negado a hacer nada, tal cual, y han dejado casi en blanco las pruebas. ¿Qué se puede hacer contra esto?, ¿qué motivación tiene un alumno para hacer este tipo de pruebas?, ¿por qué se le da tanta importancia a las Pruebas de Diagnóstico por parte de las autoridades?, ¿somos responsables los profesores de estos malos resultados?

En concreto, estas pruebas deberían, parece, servir para cuestionarse algunas prácticas docentes. Sin embargo, en Lengua, en la Expresión Escrita (que es la que ha ido peor), ¿qué se supone que debemos hacer además de lo ya hecho? Ejemplo: alumnos de los dos cursos que doy han hecho cada uno de ellos entre 25 y 29 actividades escritas (dictados / redacciones) hasta la fecha, cada una de ellas corregida y entregada por el profesor, ¿es posible todavía practicar más esta destreza sin agobiar al alumno ni perjudicar a las otras destrezas o a la adquisición de conocimientos?

Espero vuestras opiniones.

3 comentarios:

Julio dijo...

Bien, Ángel. Me animo a ser el primero en dar mi opinión en este tema; con vuestro permiso :)
En realidad, hay muchas cosas de la docencia y de la educación que veo sin sentido (para algo soy adolescente), pero ciñéndonos a este tema en concreto, mi opinión es la siguiente.
Si realmente quieren que los alumnos hagamos unas pruebas de diagnóstico decentes (y hablo con conocimiento de causa, pues las hice el año pasado) opino que debería haber ejercicios motivadores.
Ya sé que es complicado... qué digo complicado... complicadísimo satisfacer las motivaciones de todos y cada unos de los alumnos... pero el realizar unos ejercicios así, sin ton ni son, la verdad... quitan las ganas hasta al más pintado.
En fin... que como siempre, tendremos que secundar, obligatoriamente, a los altos cargos y seguir aburriendo todos los comienzos de curso (yo hice las pruebas en octubre) a los alumnos con estas pruebas.
¡Saludos!

¡Ahí te han "dao"! dijo...

Para empezar, quisiera preguntar si estamos por debajo de la media o por debajo de la mitad; me explico: he leído los resultados y he visto que la puntuación media es 500 sobre 100. Bien, hasta ahí lo comprendo todo sabiendo que hemos sacado un 4'39. Pero ¿sabemos cuáles son los resultados de otros centros para decir que estamos por debajo de la media?
En segundo lugar, creo que cambiando la perspectiva y viendo la motivación de la mayoría de los alumnos (no por nuestra culpa sino por motivos más enojosos de analizar), el análisis puede ser claramente positivo; si así las cosas hemos sacado un 4'39, es todo un logro. Ya sé que a los gestores de la educación (que no a los educadores que son los que saben de esto) esto les trae al pairo pero ahí queda.
Por último, oh Ángel, creo que es un error que nos atribuyamos el fracaso de la educación. Ése es el juego de los gestores que antes mencionaba, hacernos ver que el fracaso es culpa nuestra. Si en vez, o además, de exigirnos tantísimos trámites burcráticos contaran con nuestra opinión (ojo, no digo que nos la pidieran, sino que contaran con ella), tal vez podríamos avanzar un poco y transformar con el paso de los años este desastre (tantos años, por lo menos, como los que han sido necesarios para construir esta hecatome educativa). Y, sabiendo la complejidad que todo esto encierra, digo:
Yo me levanto a las cinco de la mañana y cultivo día a día todo mi terreno, y mi vecino comienza la jornada a las doce de la mañana porque la noche anterior estuvo de parranda y luego hace lo mismo que yo pero con menos esmero. Días después, en el mercado, se nos culpa a los dos de la baja productividad agrícola y tal y tal y los beneficios de de nuestro trabajo son repartidos a partes iguales y encima el dueño del mercado pone otra parte para llegar a un mínimo con el que se nos permita vivir dignamente. ¿Es esto justo? ¿Puede ser que en la siguiente cosecha yo haga lo mismo que mi vecino, es decir, trasnochar y no madrugar si al final vamos a obtener los mismos beneficios?
Pues esto pasa en la enseñanza.
Como la vida misma.
No disparen al pianista.

¡Ahí te han "dao"! dijo...

Y añado: la pruebas de Diagnóstico son un escaparate, una cosechadora de votos, un instrumento meramente estadístico al servicio de los sacerdotes de la educación y en consecuencia del poder. Cuanto mejor salgan, mejor para ellos y si hay que maquillar los resultados o presionar para que se ajusten a lo que se pretende, se hace y punto. Por ejemplo, si es una prueba de mínimos ¿por qué puntuar del 1 al 4? ¿y por qué no se puede puntuar con un 0?
Al final, me parece que la gran tragedia de todo esto es que estamos tratando con personas en edad de formación, repito, de for-ma-ción, es decir, que actuarán en su vida siguiendo las pautas a las que los hemos acostumbrado, a saber:

***mínimo esfuerzo, máxima compensación***.

¿Tendrá esto que ver con la baja productividad de España, con la crisis y con la mentalidad del pelotazo imperante en nuestro lacerado país?
Hagan juego.