Mi amigo José Mª Calvo me envía ésto:

| 5 feb. 2011



En 1969, en la Universidad de Stanford (EEUU), el Prof. Phillip
Zimbardo realizó un experimento de psicología social.Dejó 2 autos
abandonados en la calle. Eran 2 autos idénticos: la misma marca,
modelo y hasta igual color. Uno lo dejó en el Bronx, por entonces una
zona pobre y
conflictiva de Nueva York y el otro en Palo Alto, una zona rica y
tranquila de California. Dos autos idénticos abandonados en dos
barrios con poblaciones muy diferentes y con un equipo de
especialistas en psicología social estudiando las conductas de la
gente en cada uno de estos sitios.

Resultó que el auto abandonado en el Bronx comenzó a ser
"canibalizado" . En pocas horas perdió las llantas, el motor, los
espejos, la radio, etc. Todo lo aprovechable se lo llevaron, y lo que
no, lo destruyeron.

En cambio el auto abandonado en Palo Alto se mantuvo intacto...

Es muy común atribuir a la pobreza las causas del delito. Es esta
atribución en la que coinciden las posiciones ideológicas más
conservadoras (las de derecha y de izquierda).

Sin embargo, el experimento en cuestión no finalizó ahí. Cuando el
auto abandonado en el Bronx ya estaba deshecho y el de Palo Alto ya
llevaba una semana impecable, los investigadores rompieron un vidrio
del automóvil de Palo Alto...

El resultado fue que se desató el mismo proceso que en el Bronx y el
robo, la violencia y el vandalismo redujeron el vehículo al mismo
estado en que quedó el del barrio pobre. ¿Por qué el vidrio roto en
el auto abandonado en un vecindario supuestamente seguro era capaz de
generar todo un proceso delictivo?

Aquí no se trataba de pobreza. Evidentemente, era algo que tenía que
ver con la psicología humana y con las relaciones sociales.

Un vidrio roto en un auto abandonado transmite una idea de deterioro,
de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de
convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, como que
vale todo. Cada nuevo ataque que sufría el auto sin que alguien se
preocupara del mismo, reafirmaba y multiplicaba esa idea, hasta que la
escalada de actos, cada vez peores, se volvía incontenible,
desembocando en una violencia irracional.

En experimentos posteriores, los profesores James Q. Wilson y George
Kelling desarrollaron la "Teoría de las Ventanas Rotas", la misma que
desde un punto de vista criminológico, concluye que el delito es mayor
en las zonas donde el descuido, la suciedad, el desorden y el maltrato
son mayores.

Si se rompe el vidrio de una ventana en un edificio y nadie lo repara,
pronto estarán rotos todos los demás vidrios del edificio. Si una
comunidad exhibe signos de deterioro y esto no parece importarle a
nadie, entonces allí se generará el delito.

Si se cometen "pequeñas faltas" (estacionarse en un lugar prohibido,
exceder el límite de velocidad o pasarse una luz roja) y las mismas no
son sancionadas, entonces comenzarán faltas mayores y luego, delitos
cada vez más graves.

Si se permiten actitudes violentas como algo normal en el
desarrollo de los niños, el patrón de desarrollo será de cada vez
mayor violencia y cuando estos niños sean adultos; ya que de niños
"aprendieron" que esa actitud era "normal" y/o "correcta"; entonces
actuarán de manera delictiva, pero teniendo la certeza de que esos
actos NO SON ILEGALES.

Si los parques y otros espacios públicos deteriorados son
progresivamente abandonados por la mayoría de la gente (que, muchas
veces, deja de salir de sus casas por temor a las pandillas), esos
mismos espacios abandonados por la gente son progresivamente ocupados
por los delincuentes.

La Teoría de las Ventanas Rotas fue aplicada por primera vez a
mediados de la década de los ´80 en el Metro de Nueva York, el cual se
había convertido en el punto más peligroso de la ciudad.

Se comenzó por combatir las pequeñas transgresiones: graffitis que
deterioraban el lugar, suciedad en las estaciones, ebriedad entre el
público, evasiones del pago del pasaje, pequeños robos y desórdenes.
Los resultados fueron evidentes.

Comenzando por lo pequeño se logró hacer del Metro un lugar seguro...
Es decir, si se combate un delito pequeño se evita el desarrollo de un
delito mayor...

Posteriormente, en 1994, Rudolph Giuliani, alcalde de Nueva York,
basado en la Teoría de las Ventanas Rotas y en la experiencia del
Metro, impulsó una política de "'tolerancia cero". Es decir, combatir
a fondo aún los delitos considerados menores...

La estrategia consistía en crear comunidades limpias y ordenadas, no
permitiendo transgresiones a la ley y a las normas de convivencia
urbana.

El resultado práctico fue un enorme abatimiento de TODOS los índices
criminales de la ciudad de Nueva York.

La expresión "tolerancia cero" suena a una especie de solución
autoritaria y represiva, pero su concepto principal es más bien el de
la prevención y promoción de condiciones sociales de seguridad. No se
trata de linchar al delincuente, ni de incentivar la prepotencia de
la policía, de hecho, respecto de los abusos de autoridad debe también
aplicarse la "tolerancia cero".

De lo que se trata NO es aplicar "tolerancia cero" frente a la persona
que comete el delito, sino aplicar "tolerancia cero" frente al delito
mismo. Se trata de crear comunidades limpias, ordenadas, respetuosas
de la ley y de RESPETAR los códigos básicos de la convivencia social
humana.

Frente a la cantidad de mentiras y mediocres explicaciones dadas por
algunos de nuestros Gobernantes de turno, directores de instituciones
educativas, jefes y líderes comunitarios sobre este tema, es bueno
volver a leer esta Teoría y de paso, difundirla...

4 comentarios:

Ana Garcia dijo...

Muy interesante, Manuel. Nunca había oido hablar de esta teoría pero estoy totalmente de acuerdo. El centro en el que estuve antes que éste estaba recién construido y el alumnado lo cuidaba mucho más. Esta teoría también se puede hacer extensible a nuestro código de convivencia, en este respecto podíamos hacer un "12 meses 12 causas", es decir, un mes todo el profesorado a saco con lo de los papelitos en los suelos de las aulas, otro con las salidas al pasillo y así...Si no, intentamos abarcar tanto que se nos escapa entre los dedos. Muy interesante, sí señor.

Ángel dijo...

Me sumo a la opinión de Ana. Ese futurible código de convivencia no debería reducirse a aspectos materiales, sino también al vocabulario: pedir con educación los favores, desterrar el "me cago en D..." A lo mejor, podíamos empezar por ahí.

Manuel dijo...

Pues a intentar que se vaya viendo escrito en los papeles... Como el ROF, por ejemplo...

Manuel dijo...
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